BIENVENIDOS AL BLOG DEL AYUNTAMIENTO DE BELALCÁZAR

Bienvenidos a una nueva fuente de información a todos los ciudadanos de la localidad. A través de este blog y de nuestra web podrás conocer todas las novedades del Ayuntamiento de una forma más cercana, rápida y económica. Todo lo que pasa en Belalcázar, pasa por nuestro blog. ¡Bienvenidos!
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viernes, 12 de abril de 2019

DON ALFONSO DE SOTOMAYOR I CONDE DE BELALCÁZAR

Con la intencionalidad de esclarecer dudas sobre la polémica suscitada en la investigación sobre quién fue el I Conde de Belalcázar, les adjunto el primer documento oficial del año 1455 y el último documento localizado hasta el momento -también oficial- del año 1919, recopilados tras una larga etapa investigadora que abarca más de 600 años de la familia condal de la localidad de Belalcázar, que avalan que el título de I Conde de Belalcázar lo llevó D. Alonso, hijo primogénito de D. Gutierre de Sotomayor, maestre de la Orden de Alcántara y fue otorgado por el Rey D. Enrique IV EN 1453. En el trascurso de mi investigación, sobre la amplia etapa de estos 600 años, he tenido la oportunidad de contrastar más documentos oficiales que otorgan el título de Conde de Belalcázar a D. Alonso, primogénito de D. Gutierre de Sotomayor. Referencia de documentos citados: Documentación relativa al pleito que mantenían el concejo de Talavera de la Reina (Toledo) y Alfonso Carrillo [de Acuña], arzobispo de Toledo, de una parte, y Alfonso de Sotomayor [I conde de Belalcázar y señor de la Puebla de Alcocer] de la otra, por la posesión de los lugares de Alía (Cáceres), Castilblanco (Ávila), Valdecaballeros (Badajoz), Puerto de San Vicente (Toledo), Campillo (Badajoz), entre otros. (Archivo Histórico de la Nobleza, OSUNA, C. 314, D. 29-30). Sentencia del Consejo de Estado, se dirige al Ministro de Gracia y Justicia. Expediente número 5382.

JORGE HERNÁNDEZ MORILLO











miércoles, 21 de diciembre de 2016

GAFIQ - BELALCÁZAR EN LOS MAPAS DEL SIGLO IX



La importancia de Belalcázar en la época árabe es por toda conocida, antigua capital de Fahs al-Ballut o Llano de las Bellotas, su emplazamiento, en el eje de importantes vías de comunicación entre los siglos IX y XII la convirtió en una de las localidades más importantes de al-Andalus.
Personajes como:


ABU SAID ABD AR-RAHMAN IBN ABD ALLAH AL-GAFEQUI
Sexto y decimocuarto valí de Al-Ándalus

MUHAMMAD IBN QASSOUM IBN ASLAM AL-GAFEQUI
Oftalmólogo

AHMED IBN MUHAMMAD ABU YAAFAR AL-GAFEQUI
Farmacólogo


 https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEheCPM_RWPEjQIuAwa_JQWZglw-gzIu3sDtE5BdQHWdMoEMds3D4j3mfzNYZ2WLirhNwzcCWGSHNS-9Nfc0gYGdUZOdezyKwab-WJf7cOUZXd0rZwspH4qvDK5AaS6uyvtcGT7-sPqyBlw/s1600/al_Gafiqui_tratado_plantas_.jpg
  Hoja manuscrita de al-Gafequi




OBAIDALA BEN MUZA AL-GAFEQUI
Juez de la Mezquita de Córdoba
SAÍD BEN SOLEIMAN AL-GAFEQUI
Juez Mezquita de Córdoba
SOLEIMAN BEN ASUAD AL-GAFEQUI
Juez Ciudad de Mérida
fueron algunos de sus “hijos” más influyentes.

El carácter de los pobladores de Gafiq era conocido por todos considerados "bravos, enérgicos, endurecidos y resueltos" hasta el punto que los cristianos, tras frecuentes incursiones abortadas por los Gafequies, evitaban ya "encontrarse con ellos". Y con la misma bravura y pasión con que el pueblo se prestaba a defender sus lindes, lo hacían estudiosos, juristas o cadíes en sus misiones, de tal modo que sus nombres quedaron plasmados en los pergaminos carmesí donde se escribían los días de al-Ándalus.




Los siguientes documentos no hacen nada más que confirmar la importancia que tuvo la antigua Belalcázar en el siglo IX.

Dentro del primer círculo rojo podemos leer Gafiq (Belalcázar)

Se trata de unos mapas de Al-Andalus en un manuscrito árabe medieval, sacado de El Libro de las Rutas y los Reinos (en árabe Kitab al Masalik w'al-Mamalik), texto geográfico del siglo IX escrito por el geógrafo persa Ibn Khordadbeh, anterior a los conocidos del famoso geografo Al-Idrisi.

                                                                          Al-Idrisi



  
                                                            Mapas  Al-Idrisi

Dentro del primer círculo rojo podemos leer Gafiq (Belalcázar)
En el círculo rojo en el centro podemos leer "Qurtuba" (Córdoba).
La Montaña es Gibraltar (Yabal Tarîq).
Separando ambos territorios tenemos el Estrecho de Gibraltar
El otro pedazo de tierra a izquierda es el Magreb, lo que hoy es Marruecos y Argelia.




La transcripción de los topónimos esta hecha por un copista de origen persa, resulta ilegible y dificultosa en algunos casos, pero pueden reconocerse ciertas poblaciones, Málaga, Gibraltar, Sidonia, Mérida, Murcia, Valencia, Algeciras, Sicilia, Mallorca, Kairawan de Túnez, Toledo, y Tarazona.
El océano atlántico es el Bahr al -Muhít (El mar del Océano).
En él aparecen numerosas ciudades andalusíes




Agradecimientos a nuestra colaboradora Mabel Villagra  (Medievalista y arabista, asesora histórica de la serie  'Isabel') por las traducciones y por descubrirnos estas agradables sorpresas.


ETIQUETA CARTOGRAFÍA

martes, 20 de diciembre de 2016

EL CONVENTO DE SANTA CLARA DE LA COLUMNA, ANTES DE LA GUERRA CIVIL (1936)

Interesantisimo articulo de D. Manuel Rubio Capilla que nos relata como la Monja sor Sagrado Corazón, del Convento de Santa Clara de la Columna de Belalcázar, en una entrevista que le realizo poco antes de fallecer en 1993, le cuenta el estado del monasterio antes de la guerra civil.
D. Manuel Rubio Capilla es Cronista Oficial de Belalcázar y autor de numerosos libros y artículos de temas históricos en distintas revistas locales y provinciales, además es miembro de la Asociación Provincial de Cronistas Oficiales, miembro de la Real Asociación Española de Cronistas Oficiales, miembro de la Asociación Provincial de Arte, Arqueología e Historia de Córdoba, Hermano de Honor de la Cofradía de Ntra. Señora de Gracia de la Alcantarilla (Patrona de Belalcázar). En la actualidad es Coordinador Provincial de Educación de Adultos, cuyo trabajo desempeña en la Delegación de Educación de Córdoba.
A continuación publicamos el ya mencionado articulo, el cual se encuentra dentro del libro  "Belalcázar: historia, monumentos y personajes", que se puede adquirir en el Ayuntamiento de Belalcázar.


Quienes hemos tenido el privilegio de entrar a visitar el convento de clausura de Santa Clara de la Columna, hemos podido observar cómo ciertas remodelaciones, aunque no de gran envergadura arquitectónicamente hablando, se han llevado a cabo hace aproximadamente medio siglo.



Ante la imposibilidad de conocer, con detalles exhaustivos,cómo se encontraba el convento cuando entraron por primera vez los frailes y posteriormente las monjas, allá por el S. XV, dado que no contamos con testimonios de los cuadros que había, las esculturas, el pavimento, mobiliario, su decoración, etc...,hemos de contentarnos con saber cómo era este recinto religioso antes de sufrir su transformación ornamental más reciente. Y para ello se ha de avanzar en el tiempo varias centurias, desde su fundación, y colocarnos en los albores de la Guerra Civil(1936), puesto que esta fecha marca el final de una etapa, la más antigua que se conoce, y el principio de otra, la actual.


Para entrar en detallen sobre cómo se encontraba el convento antes de la contienda, nada mejor que visitar el mismo acompañados de un fiel testigo de los hechos, una monja belalcazareña, Sor Sagrado Corazón de Jesús, cuyo verdadero nombre es Rosa Cuevas Medina, quien entró en la clausura de Santa Clara en 1928, a la edad de 17 años, y pasó por todos los avatares a que dio lugar la fratricida contienda.
Guiado por ella, y siguiendo con gran atención sus explicaciones, fui tomando nota de todo cuanto decía, por considerar que es un verdadero documento histórico, ya que puede considerarse como uno de los últimos, o quizás el último testimonio oral sobre cómo se hallaba este recinto religioso antes de 1936.
Es cierto que aún se encuentran entre nosotros muchas personas que vivieron en aquella época, pero muy pocas tuvieron la ocasión de entrar y vivir en este convento de clausura, por lo que el mencionado testimonio se eleva a la categoría de doblemente importante.
Me limito a dar fiel reflejo de lo que Sor Sagrado Corazón me va detallando; quedando como sigue:



Comenzamos nuestro recorrido por la alerta de entrada a la clausura, que es lo misma que había antes de la contienda.
Nos adentramos en lo qué podría llamarle el recibidor, que tenía unos cuadros diferentes a los actuales y no contaba con la segunda puerta que da acceso al pasillo que nos conduce al claustro. Era Solamente como un arco de separación de las distintas dependencias, cuyo artesonado era el mismo que el de hoy día.





En una especie de capilla, frente a la puerta segunda de acce­so al mencionado corredor, había un grandísimo cuadro de Madre Santa Olaya y Sor Felipa de la Cruz, justo en el lugar donde hoy está la Virgen de Guadalupe. El pavimento era de ladrillo rojo con brillo.




Entramos en el claustro. Este también contaba con suelo de ladrillo rojizo con capa de esmalte. Por el deterioro sufrido en la guerra, debido al pisar de los caballos que entraron en el convento, al cual tomaron como establos, hubieron de colocarse las actuales baldosas que hoy se contemplan. Esta obra se realizó a los 3 6 A años de finalizar la contienda. Su zócalo era de pintura encornada. El artesonado que recorría el claustro, en su parte baja, era el mismo que el que hoy se conserva, sólo que antes estaba policromado. El artesonado alto del claustro se encontraba, igualmente, policromado, con cierta similitud con el del refectorio, y además contaba con una especie de cenefa pintada do colores.




Entramos en el refectorio. Esto tenía un suelo rojizo muy brillante, con unos poyos adosados a las paredes, que recorrían la largura de la sala y servían de asientos. Había unas mesas grandísimas de madera. Los poyos y el zócalo eran de mosaicos Colorados y blancos. 
El pequeño púlpito que puede contemplarse en la pared que da al claustro, estaba anteriormente y a él se subían a leer las Sagradas Escrituras.
Presidían el refectorio dos grandes cuadros alusivos a la Santa Cena que, al parecer, durante la guerra fueron trasladados a Valencia. En el extremo oeste del refectorio, lo que podría coincidir con el pie de sala, estaba el repartidero de la comida.
Volviendo al claustro, en su parte alta, significaremos que se encontraban completamente cerrados sus arcos, que sólo
dejaban pasar la luz a través de pequeñas ventanas. Ya en la parte baja, la separación del comulgatorio que utilizaban en aquel entonces (una salita ubicada en un rincón del testero norte del claustro), así como el pasillo de la misma orientación, se separaba por dos grandes cortinas, pudiéndose apreciar, en esta zona, un cuadro de grandes proporciones y que representaba a San Juan bautizando a Jesucristo. 




Esta zona tenía la arquería cerrada y también se utilizaba, durante el verano, como Coro bajo. Donde hoy se puede contemplar la pintura que refleja un pastorcito, antes existía una especie de hornacina donde entraba el sacerdote y les daba la comunión(lugar en el que han permanecido muchos años los restos mortales de la familia Condal de Belalcázar, guardados en bolsas de terciopelo rojo).
La antesala del torno está igual que antes de la guerra. Lo que sí se Observa es que en tiempos de la fundación del convento, dicha antesala debió ser el acceso al mismo, ya que
se contempla una portada tapiada.
En un pasadizo pequeño que comunica la iglesia con el claustro, se guardaba, el Viernes Santo, al Señor cuando se quitaba de la iglesia.


Entramos en la iglesia. En el ábside, arriba del todo, casi tocando el techo, estaba el Espíritu Santo en bajo relieve. Más abajo, a los lados, estaban representados el Padre y el Hijo. También podía apreciarse un gran cuadro en relieve con figuras a tamaño natural que representaban a Nuestro Padre San Francisco cortándole el cabello a Nuestra Madre Santa Clara, y los frailes con sus ciriales. En el retablo, que era dorado y contaba con columnas salomónicas muy vistosas, estaban las esculturas de cuatro frailes: San Antonio, San Bernardino, San Francisco Solano y San Buenaventura. Junto al cuadro en relieve de San Francisco se hallaba el Padre Jesús, más fino, antiguo y bonito que el actual. También se encontraba el manifestador y el sagrario.
En la iglesia había cuatro especies de altares que contenían a Santa Ana, la Virgen de la Esperanza (la que hoy conocemos con el nombre de la Tinaja), Madre Santa Clara y Padre San Francisco. Eran altares de mampostería con retablos pequeñitos.

Donde hoy se observa una especie de ventana tapiada, en la iglesia, había cuatro cuadros grandes, preciosos, que se conservaban impecables y representaban a la Cena de Bendición de Panes por parte de Santa Clara, la Entrada de Madre Santa
Clara, la Muerte y otro que no recuerda Sor Sagrado Corazón. Las bóvedas que sostienen el coro alto estaban llenas de estrellas doradas, hechas en madera, y en la confluencia de las nervaduras de los arcos había escudos de las casas Sotomayor y Zúñiga.
La iglesia fue utilizada durante la guerra como polvorín, siendo su pavimento de azulejos de colores.
Los restos de la familia condal de Belalcázar estaban guardados en la parte alta de la sala capitular (hoy desaparecida) y al producirse la rebelión, ante el posible saqueo
del convento, se decidió meterlos en una especie de capilla lateral de la iglesia y tapiarla. “Quienes ocupaban el convento durante la guerra, abrían agujeros en todo lo que sonaba a hueco, pero en aquella pared no hicieron ninguno"...
“Cuando la abrimos, después de la guerra, en lugar de dar un olor a humedad, daba un olor que no se podía definir lo que
era,... ni era agua colonia, ni eran flores, ni era nada de eso,... era admirable, y parecía un olor sobrenatural“.
Junto al altar, en la zona de la epístola, se encuentra la sacristía interior, que tenía el mismo artesonado que en la actualidad, aunque las estrellas mudéjares estaban policromadas.
En la sala que distribuye al claustro, iglesia y sacristía interior, había un crucifijo, que es el que hoy se encuentra en la casa de oración (antigua casa de las condesas, anexas
al convento), y ante el rozaban para después ir a comer.


Ya en la zona norte del recinto, se observan dos grandes salas perpendiculares a la iglesia. La parte baja, llamada sala de las columnas, sirvió de locutorio grande, conteniendo una gran reja de separación cuyos pinchos fueron cortados por el Padre Rafael Arena.



Las columnas y muros de esta sala soportan lo que se conoce con el nombre de antiguo dormitorio común, que por aquel entonces seguía utilizándose para este fin.
En la zona mía oriental de este conjunto arquitectónico se encuentran las enfermerías. La baja, que se utilizaba en el verano, y la Mita (conocida como la sala del barco,
cuyo artesonado parece la quilla invertida de un barco), que se utilizaba en los meses fríos. Antes de 1936, estas dependencias albergaban a las monjas enfermas y desempeñaban en ellas su labor el personal sanitario. Como anécdota, puede decirse que, a principios de los años treinta, se llevó a cabo en una de estas salas, una operación en la que el médico de turno, don Eugenio, hubo de extraerle a Sor Rosario un trozo de costilla, asistiendo como enfermera Sor Sagrado Corazón.
Las enfermerías no han sufrido cambios notables, si exceptuamos los propios de las últimas labores de restauración que se están llevando a cabo en varias zonas del convento y que intentan recobrar la imagen primitiva de este recinto religioso.


Volviendo a la época anterior a la Guerra Civil, hemos de recordar que las 22 monjas que convivían en este edificio(año 1928); Se alumbraban con faroles de aceite, y en casi
todo el edificio reinaba una mística penumbra.
A los pies de la iglesia, en su parte alta se encuentre el coro grande o coro alto, como lo denominan las monjas. Este no tenía rejas do madera, como en la actualidad, sino que
eran de hierro y tenían pinchos hacia afuera. Dicha reja terminaba en un crucifijo. En el coro había un órgano y un retablo con seis hornacinas de madera no dorada, que contenían a la Virgen de la Luz, San Miguel, Corazón de Jesús, San José, Santa Lucía y otra que no recuerda Sor Sagrado Corazón.
Igualmente, podían observarse, en esta estancia, Ocho vitrinas con reliquias, como la única que se conserva hoy día, y dos cráneos pequeños y uno grande, pertenecientes s las Once Mil Vírgenes, guardados en una hornacina donde también se hallaba una imagen de la Inmaculada. El coro alto lo recorría, en gran parte, una hermosa sillería labrada.


En cuanto a la Fuente de la Samaritana, hemos de significar que se utilizaban, al igual que ahora, como lavadero, y que sus pinturas fueron dibujadas por una monja.
Por último, decir que la antigua casa de las condesas, hoy Casa de oración, albergaba a los porteros del convento, quienes periódicamente se desplazaban hasta el pueblo para comprarle provisiones a las  monjas.

Así, damos por concluido  este recorrido por el convento,sin lugar a dudas incompleto, pero con gran lujo de detalles en muchos de sus apartados, que, gracias a la gentileza y bueno memoria de Sor Sagrado Corazón, podemos conocer y sacar a la luz pública.



En otras entradas publicaremos más artículos que Manuel Rubio Capilla realizó para  la revista de feria de Belalcázar. 
Como Cronista Oficial de Belalcázar también a publicado varios artículos en La Crónica de Córdoba y sus Pueblos, los cuales publicamos los enlaces para quien desee descargarselos:

DINERO APORTADO POR EL PUEBLO DE BELALCÁZAR
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LOS CUATRO DOCUMENTOS MÁS ANTIGUOS DEL ARCHIVO MUNICIPAL DE BELALCÁZAR  descargar

 LOS HIJOS DE SEBASTIÁN DE BELALCÁZAR 
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ABUSOS Y ADVERSIPADES DE LOS. CONQUISTADORES 'ESPANOLES EN [A FIGURA. DE SEBASTIAN DE BELALCÁZAR  descargar


domingo, 23 de noviembre de 2014

MÚSICA EN EL CASTILLO DE BELALCÁZAR


Este primer artículo que publicamos en esta nueva sección de la web municipal de Belalcázar, nos lo cede gustosamente D. Luis Lepe Crespo, musicólogo, profesor del Conservatorio Profesional de Música Marcos Redondo de Pozoblanco e investigador sobre el patrimonio y la historia de la música, autor del libro "La Música Tradicional de Los Pedroches" genial obra, de recomendable lectura.
 D. Luis Lepe Crespo

La Música en el Castillo de Belalcázar  intenta establecer la relación que hubo entre uno de los músicos más importantes del renacimiento, Juan Vasquez, y su mecenas Don Francisco de Zúñiga y Guzmán de Sotomayor, así como la posible relación del músico con el Castillo de Belalcázar.

Aprovecho esta ocasión para agradecer a D. Luis su colaboración con el blog del Ayuntamiento de Belalcázar y permitirnos disfrutar de este y sucesivos trabajos relacionados con la música en Belalcázar.


 MÚSICA EN EL CASTILLO DE BELALCÁZAR


Tratamos de establecer aquí la relación que hubo entre uno de los músicos mas importantes del renacimiento, Juan Vasquez, y su mecenas Don Francisco de Zúñiga y Guzmán de Sotomayor, así como la posible relación del músico con el Castillo de Belalcázar.

   En un artículo de la musicóloga americana Leanor Russell sobre Francisco de Zúñiga y Guzmán de Sotomayor nos decía que "El hecho de que un pobre noble consiguiera los medios para su sustentación, la respuesta hay que buscarla, a través del dinero de su esposa.  En 1518, de forma rápida, el padre de Francisco acordó el matrimonio de su hijo antes de dejar el mundo al entrar en el monasterio.  La novia Doña Teresa Zúñiga y Guzmán, la única hija y heredera del marquesado de Ayamonte y heredera del segundo ducado de Béjar, por su tío, quien no había tenido herederos legítimos. El matrimonio fue consumado el mismo año antes de que el tío, duque de Béjar, o Carlos V, recientemente llegado a España, pudieran bloquear las nupcias. Unas cartas atestiguan el enfado del rey  así como el del Papa".
   Las capitulaciones del matrimonio presentadas en nombre de Teresa de Zúñiga y Guzmán y firmadas por Francisco de Sotomayor, acordaban que el usaría los nombres de Zúñiga y Guzmán antes que el suyo propio, Sotomayor, y llevaría las armas de Zúñiga y Guzmán en la parte derecha de su abrigo y armas para siempre.  La unión produjo 8 hijos. De esta forma fueron unidas las dos familias, los Sotomayor y los Zúñiga: los primeros marcados por una profunda religiosidad y avaricia, los segundos caracterizados por su astucia política y guerras familiares. El matrimonio de Francisco y Teresa estuvo marcado por su derrochadora forma de gastar el dinero y sus frecuentes disputas legales.

   Con esta presentación ponemos en alerta al amable lector sobre el entramado de los Zúñiga y Sotomayor.

   Estamos en el Renacimiento (1452 a 1600) siglos XV y XVI en los que la música es una disciplina que adquiere un fuerte desarrollo en estos siglos. Lutero da un valor primordial a la música en el culto y El Concilio de Trento impone austeridad a la música católica, aunque las dos utilizan la música como medio para dirigirse a Dios. Por otro lado Reyes y nobles utilizan el arte musical como el culmen de una educación refinada, exquisita y completa, estampa culta y fastuosa propia de la nobleza. Por lo general las grandes catedrales, abadías y conventos tuvieron sus capillas musicales, sus instrumentistas y cantores para ensalzar la liturgia. La música constituyó uno de los mejores recursos de atracción para ensalzar las celebraciones y solemnidades. 

   Don Francisco de Zúñiga va a incorporar la música a todas las facetas de su vida, y en todas ellas se busca el enaltecimiento de una u otra forma: en el ocio de su palacio; en las actividades religiosas; en ceremoniales y parafernalia de campaña y guerra. Es obvio que heredó el legado musical de sus predecesores, promoviendo una transformación importante en la actividad musical de su casa. Este interés por la música no es algo que surja en el conde sin fundamento, sino que existe un bagaje medieval del que es heredero, seguramente que existieron en sus antecesores resquicios de la actividad musical en el castillo y en los conventos de su propiedad. El gran castillo, o mejor dicho sus ruinas, permanecen aisladas en la meseta, pero a pesar de la expoliación llevada a cabo por Napoleón y la destrucción posterior de Francisco Franco en el siglo XX, dejando sólo un magnifico edificio, aún hoy conserva el orgullo de su constructor, Don Francisco de Zúñiga y Guzmán Sotomayor, cuarto conde de Belalcázar (1518-1544) y tercer duque de Béjar  (1533-1544). 

   La actividad musical en el conde como instrumento de enaltecimiento socio-político ya está presente en las primeras décadas, utilizando la música para su realce social y llevando hasta el ridículo a un grupo de presumibles músicos extremeños.
   Un detalle fue el recibimiento de la Reina Dª Isabel de Portugal (en la frontera de Badajoz) en 1525, en el que don Francisco de Zúñiga Guzmán y Sotomayor ya se hacía acompañar de un séquito de músicos. (El prurito de grande de la nobleza llevado hasta el ridículo. En esta ocasión se hizo acompañar de individuos extremeños a los que les obligó a interpretar como ministriles avanzados). Es de suponer que después de estos años veinte, existieran ya en sus residencias deferentes instrumentos musicales para amenizar los momentos de esparcimiento y descanso, así como las grandes jornadas de su castillo de Belalcázar. 

   Inventario y venta de instrumentos musicales. La referencia mas importante del castillo nos la ofrecen los instrumentos musicales.
  • El apéndice uno muestra los instrumentos musicales almacenados en el castillo de Belalcázar de acuerdo con el inventario ordenado por Alonso de Zuñiga Sotomayor el 24 de Noviembre de 1544. (Madrid, Archivo Histórico Nacional, Sección Osuna, Legajo 327, Nº7) 
  • El apéndice dos nos muestra los instrumentos musicales vendidos en pública subasta de las posesiones del tercer duque de Béjar de acuerdo con las cuentas de Diego de Toro (1564). (Madrid Archivo Histórico Naciones, Seccione de Osuna, Legajo 327,º Nº1)
   
   La gran colección de instrumentos musicales, que fue inventariada y vendida entre 1544-46, fue realizada por el titular de la familia, Alfonso (1484-1518), tercer conde de Belalcázar, que después llegaría a ser monje Franciscano una vez que había asegurado la sucesión de sus cinco hijos, o también posiblemente en la época del cuarto duque, Francisco, también tercer duque de Béjar. La venta de todos los bienes y pertenencias guardadas en el castillo de Belalcázar, propiedad del tercer duque de Béjar, fueron para pagar las deudas dejadas al fin de su vida en 1544. Estas circunstancias especiales necesitaron de un completo inventario de los bienes del castillo. A la muerte del tercer duque de Béjar en 1544, el meticuloso inventario de sus bienes y posteriores documentos de venta, así como los precios obtenidos, da una idea de la gran colección de instrumentos musicales. 

   La Capilla Musical, otra faceta Humanista. El conde de Belalcázar se constituyó también en el ámbito musical en un émulo de la realeza y de la nobleza más postinera, erigiendo una Capilla Musical, con su maestro de capilla, cantores e instrumentistas.
   A nivel humano es destacable el hecho de que el duque contara con maestro mayor de capilla y cantor, que acredita un ejercicio sistemático de la actividad musical en palacio; además de un control fehaciente de los instrumentos y músicos en actividades de séquito y protocolo. 
   Las libranzas económicas a la muerte del conde de Belalcázar señalan que el cantor y capellán era un varón denominado San Martín, a quien se le paga de sus débitos la cantidad de 13.606 mrvs. El maestro de capilla era Leonardo Alonso, quien recibe 2.372 mrvs. 

   En el ámbito del mecenazgo musical y de las influencias del duque no podemos dejar de lado “El Coro del Convento de Santa Clara de la Columna” que fundó Doña Elvira de Zúñiga, y que tuvo desde los inicios su capilla musical con espacio para el desempeño de dicha actividad y profesas especializadas en ello. 
   En su testamento dio instrucciones de los siguientes días de su funeral, con misas cantadas y oficios de difuntos. Se utilizaron los 10 libros de canto del convento, usados para el servicio de los Franciscanos, estos libros están ahora en la biblioteca The Hispanic Society of America in New York. Están decorados en estilo Mudéjar y con elaborados grabados. 

   El prior de San Juan, Don Antonio de Zúñiga es hermano del duque de Béjar Don Álvaro de Zúñiga, que disfruta de una rica capilla musical con hombres de la talla de Juan Vázquez, que desde la catedral de Badajoz transita por todos los ámbitos de la jerarquía musical: desde simple capellán, cantor y maestro de capilla. En Sevilla, su vida discurrió en el seno de un ambiente refinado y aristocrático, entablando contacto con músicos tan importantes como Francisco Guerrero, Cristóbal de Morales, Juan Navarro o Juan Bermudo. 
   Juan Vázquez nació en los primeros años del siglo XVI en Badajoz y falleció en Sevilla después de 1560. Fue sacerdote y estuvo al servicio de varios personajes. 
   En 1551, Juan Vázquez fue empleado en Sevilla por el noble Antonio de Zuñiga, su mecenas, a quién dedicó su colección de música "Villancicos y canciones a tres y a cuatro".  (patrocinio financiero a artistas o científicos, a fin de permitirles desarrollar su obra sin exigir en contrapartida créditos monetarios inmediatos, aunque exigiendo esa remuneración en una forma más placentera para el mecenazgo) en aquel momento. Consta de 26 villancicos y canciones a tres y cuatro voces, como su nombre indica. Desgraciadamente, sólo se conserva una de las libretas de un ejemplar del libro, por lo que sólo se dispone de una de las voces.

 Transcripción para vihuela y canto del villancico de Juan Vásquez ¿Con qué la lavaré?

   Juan Vasquez, parece haber estado asociado con la capilla de los Zuñiga en Sevilla alrededor de 1540. Se sabe que en 1549 estuvo de nuevo en Sevilla, la ciudad más grande de España, empleado por Antonio Zúñiga, tercer hijo del tercer duque de Béjar, a quién el dedico la primera publicación de sus canciones seculares, Villancicos i canciones de Iuna Vasquez a tres y a cuatro (1551).  El cancionero de Vasquez fue impreso en tres partes (Tiple, teno, baxo) en Osuna, una pequeña ciudad cerca de Sevilla, por Juan de León, imprenta fundada con la nueva Universidad de Osuna (1548). Su dedicación dice. "AL ILUSTÍSIMOS SEÑOR DON ANTONIO DE CVNNIGA" (ZÚÑIGA)

¿CON QUÉ LA LAVARÉ? - Juan Vásquez (c.1510 - desp.1560)
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   El tiempo que Vasquez permaneció al servicio de Antonio de Zúñiga no es conocido, así como tampoco su posible estancia en el Castillo de Belalcázar. Sevilla en mitad de sigo XVI era un prospera ciudad debido a su monopolio con el comercio de América.  Los Zúñiga gozaron de especiales privilegios de la corona desde 1492 para el comercio de bacalao en sal y de la producción de jabón en Sevilla. Sevilla fue también la capital artística de España. El círculo de poetas, pintores, eclesiásticos y doctores se junto alrededor del poeta Hernando de Herrera (1534-1597) para formar la primera tertulia literaria en la historia española.  Herrera dedicaría sus anotaciones en su trabajo del poeta Garcilaso de la Vega a Antonio de Zúñiga. Igualmente ocurrió con Miguel de Cervantes Saavedra que en 1605 dedicó el Ingenioso Hidalgo Don Quixote de la Mancha, al Duque de Béjar, Conde de Belalcázar. 
   Aquellos villancicos de Vasquez habían sido ampliamente conocidos en los círculos musicales, especialmente en la transcripción para la vihuela, el instrumento preferido solo o acompañado, como quedaría demostrada por la presencia de canciones en libros posteriores de Diego Pisador y Miguel de Fuenllana.


Etiqueta Música en Belalcázar

ENLACE AL ARTICÚLO ORIGINAL PAGINA WEB D. LUIS LEPE